La crisis: El desmantelamiento de programas universitarios dentro de las prisiones a nivel nacional
1982: Había más de 350 programas universitarios en las prisiones de los Estados Unidos.
2001: Hoy hay menos de una docena.
En 1994, el presidente Clinton firmó la propuesta de ley para el cumplimiento de la ley y control de crímenes violentos. Esta ley incluye una cláusula que niega el acceso a las becas federales “Pell” (Pell Grants) a todas las personas en prisión. El Estado de Nueva York al igual que la mayoría de los otros estados, retiró el apoyo público para programas universitarios dentro de las prisiones. A lo largo y ancho de la nación fueron desmantelados todos los programas universitarios de las prisiones a excepción de 8 de los 350 que existían originalmente.

LAS BUENAS NOTICIAS: Creando Conciencias
En 1996 en el condado de Westchester de Nueva York un grupo de miembros de la comunidad, la superintendente y un comité de reclusas se reunieron con el objetivo de restablecer el programa universitario dentro de las instalaciones de la correccional de Bedford Hills (Bedford Hills Correctional Facility, BHCF), la prisión de máxima seguridad para mujeres del estado de Nueva York. Para la primavera de 1997 el programa universitario “College Bound” había comenzado a otorgar licenciaturas (B.A.) en sociología a través de Marymount Manhattan College. Hasta la fecha más de 250 mujeres en BHCF han sido estudiantes en el programa universitario “College Bound.”

Desde 1997 hasta el 2000, un análisis sistemático del impacto de la educación universitaria dentro de la prisión fue llevado a cabo por investigadoras del Graduate Center of the City University of New York, y un grupo de mujeres recluidas en la prisión de Bedford Hills Correctional Facility. El estudio incluyó un análisis de los índices de reencarcelamiento de antiguas reclusas tras 36 meses de haber sido puestas en libertad. Este estudio fue realizado por el departamento de servicios correccionales del estado de Nueva York en conjunto con un análisis de costos y beneficios del programa universitario dentro de la prisión de Bedford Hills Correctional Facility llevado a cabo en parte por el Dr. Michael Jacobson, el anterior encargado del departemento de correcciones (Commissioner of Corrections) de la ciudad de Nueva York.

Los resultados ya han sido publicados en un informe revolucionario,
Creando Conciencias. Los datos demuestran consistentemente que la educación universitaria dentro de la prisión transforma vidas, crea comunidades más seguras y reduce la necesidad de gastar el dinero de los contribuyentes en prisiones. Creando Conciencias (Changing Minds) documenta lo siguiente:

1. La participación en un programa universitario durante el perido en prisión reduce significativamente los índices de reencar-celamiento y de criminalidad. Las reclusas que participaron en un programa universitario en prisión tuvieron un índice de reencar-celamiento del 7.7% después de 36 meses, comparado con un 29.9% en las mujeres que no se inscribieron al programa universitario de la prisión.

2. Los programas universitarios en las prisiones crean marcos ambientales más positivos que facilitan la gestión de la prisión y reducen los incidentes disciplinarios.
Las entrevistas con el personal administrativo y agentes de la correccional confirman las consecuencias positivas que un programa universitario dentro de la prisión conlleva para el manejo de la misma.

3. La participación en un programa universitario mientras se está en prisión afecta positivamente las vidas de las presas y de sus hijas/os.
La universidad transforma las vidas de estas mujeres y de sus hijas/os aumentando su sentido de responsabilidad social y personal y además mejora significativamente los resultados después de ser puestas en libertad.

4. La educación de los reclusos es una medida política significativa y efectiva en la reducción de costos.
Por cada 100 estudiantes universitarios educados en las prisiones y la consecuente reducción en la tasa de reencarcelamiento, pueden ahorrarse 900.000 dólares en impuestos que actualmente se destinan al presupuesto para prisiones. Calcule lo que se puede ahorrar si se ofrecieran programas universitarios a los 73.826 hombres y mujeres encarcelados en el estado de Nueva York en el año 2000.

Creando Conciencias
pone de manifiesto los extraordinarios costos personales, sociales y fiscales que la ciudadanía americana paga por no educar a sus presas/os. Este estudio ofrece a las/os legisladoras/es nacionales y estatales, a las/os activistas y a los miembros de la comunidad una nueva agenda política para crear comunidades más seguras, reducir los índices de reencarcelamiento y mejorar el ambiente dentro de las prisiones, a la vez que se ayuda a las/os presas/os y a sus familias.

LO QUE DEBE SABER: Los hechos clave
La historia de la educación superior en la prisión: ¡ESTA NO ES UNA IDEA NUEVA!

• La universidad dentro de la prisión no es una idea nueva ni radical — en 1982, más de 350 programas universitarios estaban operando en las prisiones en el 90% de los estados de EEUU.
• Antes de 1995, las becas “Pell” (Pell Grants) subsidiaban a la mayoría de las/os estudiantes en programas universitarios en las prisiones. Estas becas son fondos federales otorgados en base a las necesidades económicas de cada persona por las cuales no se compite y que están a disposición de todos aquellos individuos de bajos recursos económicos que cumplan con los requisitos y deseen ingresar en programas universitarios acreditados. Los solicitantes deben cumplir con los mismos requisitos económicos para recibir una beca “Pell,” estén dentro o fuera de la prisión. Permitirle a la población presa acceso a las becas “Pell” no es quitarle dinero a las personas que no están en prisión.
• Entre 1988 y 1998, el estado de Nueva York redujo el presupuesto general para la educación superior pública en 615 millones de dólares mientras que aumentó a 761 millones de dólares los fondos para prisiones y cárceles.


La necesidad de brindar educación
• La mayoría de los hombres y mujeres en prisión provienen de centros urbanos con altos niveles de pobreza y una alta concentración de grupos étnicos minoritarios (el 84% de las personas en prisión son personas afroamericanas y latinas) donde las escuelas públicas son un fracaso.
• En las prisiones del estado de Nueva York, aproximadamente el 75% de las presas/os entran sin un diploma de educación secundaria (high school); en las cárceles de la ciudad este número llega al 90%.
El impacto positivo de la educación universitaria dentro de la prisión
• El 93% de las/os superintendentes de las prisiones apoyan fuertemente los programas educacionales y profesionales dentro de instituciones correccionales para adultos.
• Una revisión nacional de 20 estudios empíricos pone de manifiesto que la educación superior en prisión reduce drásticamente los índices de reencarcelamiento de hombres y mujeres.
• Las reclusas que asistieron a la universidad en la prisión tienen un índice de empleo significativamente más alto (60-70%) después de ser puestas en libertad que aquellas que no asistieron a la universidad en la prisión (40%).
• La universidad dentro de la prisión transforma la visión que los estudiantes tienen de sí mismos, su sentido de la responsabilidad y su compromiso personal de “devolverle algo valioso” a su familia y a su comunidad. La universidad forja el camino para una transición sana tras la salida de la cárcel.
• La universidad dentro de la prisión tiene un efecto positivo en las niñas/os de hombres y mujeres en prisión. El 75% de la mujeres en las prisiones del estado de Nueva York son madres de niñas/os menores de 18 años. Estudios nacionales confirman que la educación de la madre es el factor que más incide en los logros educacionales de un/a niño/a.


The Positive Impact of College-in-Prison
• 93% of prison superintendents strongly support educational and vocational programming in adult correctional facilities.
• A national review of 20 empirical studies reveals that higher education in prison dramatically reduces reincarceration rates for both men and women.
• Inmates who attend college while incarcerated have a significantly higher rates of employment (60-70%) upon release than those who do not (40%).
• College-in-prison transforms students’ sense of themselves, their sense of responsibility and their personal commitments to “giving back” to family and community. College paves the way for healthy transitions out of prison.
• College-in-prison positively affects the children of men and women in prison. Seventy-five percent of women in New York State prisons are mothers of children under the age of 18. National studies confirm that the education of a mother is the best predictor of the educational attainment of a child.


¡Lo que usted puede hacer!
Aor favor hágase oír… Y comparta estos HECHOS CLAVES con
- Su familia, amigos y vecinos
- Sus compañeros de trabajo, compañeros de instituciones religiosas y de organizaciones cívicas y sociales
- Sus listas de correo electrónico, correo postal y de teléfono

¡Y pídale a cada persona que haga correr la voz!
• Organice charlas o talleres
en diferentes comunidades para concienciar al público sobre los devastadores efectos del encarcelamiento masivo en ciertas comunidades en toda la nación, y de los enormemente positivos efectos que tiene la educación universitaria dentro de las prisiones. (Puede contactar con la oficina de conferenciantes (Speakers Bureaus) del Centro de Reorientación a través de la Educación — The Center for Redirection through Education —, véase abajo.)
• ¡Escriba cartas
a los legisladores y a los periódicos locales explicando por qué es importante la educación superior dentro de las prisiones!

Trabaje para conseguir una educación pública de calidad incluyendo la educación que se brinda en las prisiones.

Las comunidades y activistas que trabajan para reformar el sistema educativo, desde pre-kinder hasta la universidad, deberían incluir entre sus peticiones las necesidades educativas de hombres y mujeres encarcelados y de aquellos puestos en libertad.
• Póngase en contacto con un centro de estudios superiores o universidad local e invítelos a buscar formas de colaboración con las prisiones, y/o establecer programas de transición que presten apoyo a aquellas personas que son puestas en libertad.