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[Alumni Index]
Heriberto Medina
Ph.D. 1984


  • Dissertation Title: El romance de ciegos durante el siglo XVIII

  • Supervisory Committee:
    • Professor Martin Nozick, Chair
    • Professor Emerita María T. Babín
    • Professor Emilio González

In Memoriam

Flames in urn

El 21 de septiembre de 1986 el Programa Doctoral en Español, como se llamaba entonces el Programa Doctoral en Literaturas Hispánicas y Luso-Brasileñas, perdió uno de sus más encarecidos y excepcionales egresados. El Dr. Heriberto Medina falleció tras de combatir una larga enfermedad. Aunque recibió el grado de doctor sólo dos años antes, ya había demostrado una aptitud para la enseñanza y para infundir a sus alumnos su profundo amor por la literatura. Aquellos de nosotros que fuimos afortunados en conocerlo, le echamos de menos, pero tomamos consuelo en los recuerdos hechos juntos—recuerdos apreciados que, al ser invocados, ayudan a templar el dolor.

El Dr. Medina nació en Ponce, Puerto Rico el 15 de octubre de 1939. En sus años de mozo trabajó como oficinista para ayudar a apoyar a su madre y demás hermanos, entre los cuales se hallaban dos hermanas, Nerín y Godi, a las que amaba más que nada en el mundo. En sus tiempos de ocio se ofrecía a trabajar con jóvenes necesitados bajo los auspicios de los Young Christian Workers. En 1967 viajó por todas partes de las Américas–Honduras, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Venezuela–y Méjico como voluntario de cuerpo para trabajar con la juventud de los varios países patrocinadores. Fue durante esta época que cultivó un profundo amor por las gentes con quienes convivía y por su cultura y literatura. Instado por un fuerte deseo de profundizar más su conocimiento de los pueblos a través de su literatura, se trasladó a la ciudad de Nueva York en 1969, despues de terminar su servicio en el cuerpo, e ingresó en el programa biligüe de Lehman College. Fue admitido al Programa Doctoral en Español en 1973.

Desde nuestro primer encuentro, vine a apreciar enseguida sus calidades de carácter y sus dotes escolásticas. Entre la angustia y la incertidumbre que pueden formar parte de la vida de estudiante de grado, Heri (como le llamabamos cariñosamente sus amigos) era una influencia estabilizante. En sus estudios siempre procedió con mesura, pero siempre con resultados positivos.

Su humor era notorio, agudo como una navaja, espontáneo y, por lo general, irreverente, pero siempre infeccioso. Tenía una aptitud extraordinaria para apreciar las cosas en su justo valor y para ver lo cómico aún el las ansiedades cotidianas de la vida estudiantil. Puedo ofrecer en testimonio de su agudeza el poema Locura Wertheimiana, escrito para su grupo principal de amigos, entre los cuales fui afortunado de formar parte. En él pinta con humor sardónico, un momento en el tiempo cuando nosotros cinco (Luz Nereida Pérez, Carmen Esteves, Luisa Perdigó, Heri, y yo) estábamos en medio de la preparación del segundo examen o inmersos en investigaciones de tesis en el Wertheim Reading Room de la Biblioteca Pública de Nueva York en la Calle 42 y Quinta Avenida.

Aunque a veces daba la impresión de ser de tono sereno y modales suaves, éste era un hombre que sabía disfrutar de la vida y de sus compañeros. Siempre atento a las necesidades de sus amigos, nunca rechazaba un pedido de ayuda bien académico, bien personal. Tenía chispa. Su sonrisa, su energía y su amor por la literatura le ganaron un sinnúmero de amigos de por vida, todos de los cuales le echamos much&iacutesimo de menos.

Robert D. Nival, Ph.D.
December 29, 2001